¿Siempre hemos de ser los mejores?

(Una reflexión sobre la competición deportiva)

Las exigencias de la alta competición siempre, siempre acarrean efectos secundarios indeseados: físicos y psíquicos. Hay que tener muy claro el balance coste-beneficio antes de hacer inmersión en el mundo del deporte tomado como una actividad profesional.
Pero si el objetivo, el horizonte que tenemos al inculcar en nuestros hijos el amor por el deporte es el de que asimilen la necesidad de disponer de herramientas y modos de vivir, prácticamente gratuitos, que mejoren su calidad y su percepción del bienestar, hemos de clarificar con las fuentes más autorizadas cuál es el grado de tensión que debe reinar en la puesta a prueba de las destrezas adquiridas y que tamaño debe tener el componente lúdico en sus actividades y su compromiso, voluntario, de permanencia. Yo, después de muchos años observando a niños, jóvenes y adultos, accediendo a sus componentes motivacionales y constatando quienes, con el paso de los años, siguen realizando actividades físicas y quienes no, podría reafirmar aquí el carácter fidelizador del deporte como juego, con componente de contacto social, asociado a las buenas sensaciones, lejano al dolor y al sobreesfuerzo. (Y lo sostengo a la vez que no niego el carácter motivante que en un momento de mi vida, y cuando las compensaciones posibles de otra índole lo pudieran justificar, tuvo para mi el atletismo llevándome a dobles sesiones de entrenamiento de una dureza extrema que un horizonte de oportunidades hacían aparecer como deseables hasta que llegaron las lesiones).

Pero, con carácter general, el deporte ha de tener unos límites de exigencia adecuados a cada edad. Debe comportar un componente lúdico que es más fuerte en edades tempranas, si no queremos que nuestros niños o adolescentes se aburran y acaben por abandonar. Debe tener en cuenta la personalidad de cada individuo así como sus capacidades físicas particulares.
Nuestros hijos pasan por fases de cambio hormonales, padecen enfermedades, tienen la menstruación, pasan por fases de astenia… todo eso también lo tenemos que tener en cuenta. Y, sobre todo, no están obligados a ser los mejores para ser felices. Lo cual no quiere decir que no fomentemos en ellos el afán de superación y les apoyemos.