EL POR QUÉ DE COMPETIR

El deseo de competir es una tendencia generalizada del ser humano. Algunos consideran que esta tendencia es innata y surge del llamado “instinto de conservación” para independizarse luego de este. Sin embargo, los estudios antropológicos parecen indicar que esa tendencia esta condicionada por factores socioculturales.

La tendencia competitiva involucra el deseo de imponerse a los demás, de triunfar, de destacarse, de demostrar la propia superioridad.

Indudablemente, la competencia constituye uno de los ingredientes fundamentales del deporte y es el medio utilizado por el deportista para expresar y poner en acto sus tendencias.

(Para mayor abundamiento: psicología-online.com)

La competencia deportiva tiene las siguientes características:

a. Es una actividad típicamente emocional.

b. La idea de competencia lleva implícita la idea de ganar. Resulta obvio destacar que el deportista compite para ganar. El hecho de que no siempre lo logre, así como su eventual actitud frente a la derrota son problemas conexos con aquél y no invalidan la primera afirmación. El deportista busca triunfar y lograr el máximo rendimiento. En el deporte de alto nivel competitivo hay un esfuerzo para acercarse a los limites de las posibilidades individuales a través de una rigurosa preparación física, técnica y psicológica. El competidor lucha para superar a un rival, una marca, un obstáculo, y para vencerse a sí mismo, para autosuperarse.

c. La competencia deportiva constituye una situación artificial y simbólica. Esta sometida a reglas, que la encauzan y tratan de privarla de sus eventuales efectos nocivos, poniendo un freno a la violencia.

d. El deportista compite para ganar. Pero cabe preguntarse: “ganar para qué?” Puede ser por el placer de la victoria en si, para demostrar su valor ante sí mismo y, yendo más lejos, ante los demás. En algunos casos hay un motivo extrínseco: conseguir a través del éxito deportivo, alguna ventaja directa o indirecta. Esto lo vimos al estudiar las motivaciones del deportista.

La competencia deportiva es diferente a la competencia en diferentes órdenes de la vida. En este ultimo caso hay también convenciones: en política, diplomacia o negocios, se habla a menudo de “las reglas del juego” ; aunque el fin no es la competencia en sí – ya que se persigue un objetivo extrínseco – sucede a veces también que se busca ganar por el sólo hecho de ganar.